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Los Maradonas que fabricamos

Hoy muchos odian y critican al que hace nada querían tanto y por las mismas razones. Cuando es por las buenas entonces es chitoso, irreverente y tapujos, pero ahora, por las malas, es soez, impresentable y charlatán. ¿Cómo habrían sido las cosas, si el resultado de ese partido hubiera sido al revés? ¿Cómo tendrían hoy a Maradona? Seguro sería, más que nunca, un dios, ¿no? Les dejo un artículo de César Landaeta que habla al respecto. Este planeta se empeña en considerar ídolos a las personas equivocadas, y por las razones equivocadas. Reflexionemos.

Luego del descalabro de la selección argentina el sábado frente a la maquinaria alemana, ha aparecido en los medios y en las redes sociales  toda suerte de ataques, burlas y críticas arteras contra el técnico y máxima representación del argentinismo mal entendido, Diego Armando Maradona.
Hoy en día, pocos son los que sacan la cara para defenderlo y sí muchos los que abultan las hordas de linchamiento que pueblan las calles y avenidas de las ciudades donde se vive  la pasión futbolística.
Hoy es más vigente que nunca aquella contundente y sabia frase que afirma: “del árbol caído, todos hacen leña”.
Pero debería uno preguntarse ante este fenómeno social: ¿Quién fabricó a este Maradona que ahora nos horroriza? ¿No fueron acaso los mismos que celebraron entusiasmados la “astucia” que mostró al meterles  a los ingleses un gol con la mano, en el Mundial del año 86? ¿No habrá alguna participación de esos linchadores de hoy, en la fabricación de un ídolo que fue acusado de tratos con la mafia cuando jugaba con el Nápoles? ¿Dónde estaba la patrulla de la Inquisición, cuando en el Mundial 90, el Pelusa maldecía y reputeaba, mientras se interpretaba el himno de Alemania? ¿Era del todo desconocida su afición a las drogas y a conductas impropias de un deportista, cuando se le aplaudía a rabiar por cualquier declaración escandalosa que hiciera a los medios de comunicación? ¿Nadie sabía de su afiliación a regímenes dictatoriales como el de Fidel Castro o de sus amores apasionados con el aspirante a dictador, Hugo Chávez?
Es muy fácil escarnecerlo y humillarlo hoy, cuando el peso de la realidad ha caído sobre su poblada cabeza, como si fuera el Frankenstein a quienes todos temían, pero nadie se atrevía a enfrentar.
Y digo yo, ¿cuántos Maradonas fabricamos a diario, quienes decimos estar en la acera opuesta a la de él?
¿No bastó que se publicaran los regodeos eróticos de Clinton para que subiera su popularidad a niveles estratosféricos? ¿Cuántos Dennis Rodmans, Charlie Garcías, Madonnas, Paris Hiltons, Britney Spears y demás gemas de la farándula se montan en los pedestales de la admiración pública,  no por los méritos grandes o pequeños que puedan tener, sino por la sordidez de vida con la que se han hecho rodear?
¿Cuántos personajes merecedores de una penitenciaría o de una institución mental, son aplaudidos y enaltecidos cada día por masas irracionales, que parecen muy dispuestas a  alimentarse de la miseria humana?
Yo pido por favor a los fervientes linchadores de oficio, que no me vengan hoy a mostrar los despojos del monigote de Maradona, para limpiar sus inocultables caras de  complicidad con lo peor que hay en sus semejantes.
Más bien enseñen (y modelen) a sus hijos y a sus amigos, que la honestidad, la bondad y la salud mental son más dignas de admiración que el escándalo y la corrupción.
Propongámonos a fabricar nuevos ídolos, a partir de lo mejor del ser humano y no tendremos necesidad de perseguir a los Maradonas que fabricamos día a día, para purgar en ellos nuestras propias miserias.
Por lo demás, que el Pelusa lave sus propias culpas.
 
C.L.

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