
Por primera vez, la historia sonríe a Venezuela en el fútbol. Por primera vez La Vinotinto logra entrar a unas semifinales de Copa América, después de haber llegado por primera vez a cuartos en la competición anterior.
En la actual edición del campeonato continental, la selección venezolana ha logrado más victorias que en toda su trayectoria desde 1967.
Admito que hasta hace poco, me generaba ambivalencia apoyar a este equipo a causa de todo el trasfondo político que traía consigo. Vivir en Venezuela te mete en una nube tan densa que es difícil apreciar cosas que normalmente cualquiera valoraría con la mente más serena. Haber salido del país, sin embargo, me ha enseñado a separar calmadamente ciertas cosas.
Ayer leía en Twitter comentarios de un venezolano en relación a que prefería apoyar a Chile “porque la victoria de la Vinotinto alegraba a Chávez”. Y pensé, ¿tendrá algo de razón?¿Es preferible mantener a casi 30 millones de habitantes en el malestar que habitualmente tienen debido a la dificultad social y política que viven, solo por no darle una alegría a alguien que no la merece? La balanza se inclina fácilmente.
Ayer, chavistas, opositores y ni-nis, seguidores y no seguidores del fútbol, pobres, ricos y los del medio (si es que quedan), blancos, negros, indios, cafés con leche y cualquier otra mezcla, TODOS tenían algo para sonreir. Y ni siquiera se trata de un título o una copa como tal. Es tan sólo una victoria.
Resulta evidente que si la alegría llegara por una bonanza económica, mejor nivel de vida, disminución de la delincuencia, estabilidad social y política, serían puntos más lógicos y necesarios por los cuales alegrarse. Pero esto, así sea una “falsa alegría” o un engaño temporal o como lo quieran llamar, deja momentos de felicidad en un momento en el que éstos escasean.
Es por esa razón que, aun cuando a algunos les suene absurdo y no sea sencillo, prefiero separar el fútbol de la política; escojo unirme al festejo que amargarme, prefiero una alegrarme por una “tontería” que no tener alegría en lo absoluto. Y es por esto que si me preguntan si quiero que siga ganando la Vinotinto no dudo en decir que sí, porque por una de las primeras veces desde que nací, puedo decir que Venezuela está haciendo historia en algo positivo.
P.D. Es VITAL celebrar con mesura, tener humildad, no humillar a los otros y disfrutar la alegría de la victoria y no la amargura de la derrota ajena; pero sobre todo, respeto. Insisto en que hay que ser buenos ganadores y buenos perdedores.
Ser mal ganador es muestra de no estar acostumbrado al triunfo y eso significa ser un equipo pequeño.
No hemos ganado nada todavía en forma definitiva, así que no tenemos ni siquiera armas para defendernos. Y aún si las tuviéramos, lo mejor es no usarlas, ¿Cierto?