En un fin de semana lleno de finales, glorias, cierres, sufrimientos, descensos y demás, parece haber pasado un poco desapercibido lo que pasó en la cabeza de la FIFA.
Y es que esta federación parece estar sucia, muy sucia y corrupta. El único posible rival de Blatter, quien sonaba a como fuerte y podía imprimirle miedo por primera vez al suizo, está fuera de contienda.
Lo que empezaba como una investigación por posible fraude electoral por parte de Joseph Blatter, termina por reivindicarlo como próximo presidente de la federación. De un momento a otro, las acusaciones se volvieron hacia su rival, el catarí Bin Hamman y las suyas se retiraron por completo.
Bin Hamman no es ningún santo, fue retirado de competencia por un caso de soborno, pero al menos le hubiera quitado ese reinado a otro que tampoco es santo. Ya es más que sospechoso que esto pase en este momento. Y que ahora, cuando ya Blatter está a salvo, se decide que no se postergarán las elecciones. Claro, no le conviene que aparezca otro contrincante. ¿No es también algo extraño que no se presente ningún otro candidato?
Una organización tan importante y grande a nivel mundial da un ejemplo de cómo ser una vergüenza desde su élite. Blatter se queja de que esto ensucia el nombre de FIFA. Y vaya que lo hace, sobre todo su presencia eterna en la presidencia.